Colombia en riesgo de colapsar ante la ola migratoria de venezolanos

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En menos de una década y sin estar preparada para ello, a Colombia le llegó una oleada de inmigrantes que supera la población de capitales como Bucaramanga o Ibagué. Solo por puntos fronterizos legales, se calcula que son cerca de 600.000 venezolanos que han cruzado a nuestro país huyendo de su patria por cuenta de la “megacrisis” social, económica y política desatada por el régimen de Nicolás Maduro. A esto habría que sumarles los cientos de pasos ilegales que existen a lo largo de los más de 2.200 kilómetros de frontera terrestre entre las dos naciones, de La Guajira a la Orinoquia.

En 20 años, los mismos que lleva en el poder el chavismo, los papeles tradicionales entre Colombia y Venezuela se invirtieron. En ese lapso, Colombia logró reducir el número de asesinatos por año de casi 30.000 a menos de 12.000 en 2017. Mientras tanto, la tasa de homicidios en Venezuela se trepó a 89 por cada 100.000 habitantes y Caracas es hoy una de las capitales más peligrosas del mundo.

También giró en 180 grados la ruta de los que buscaban un mejor futuro al otro lado de la frontera. Venezuela tiene una inflación que llegó a 2.600% en 2017 y un trabajador de salario mínimo gana 3 dólares al mes (al cambio no oficial, más alto). A lo que se suma una escasez cada vez peor de toda clase de productos.

Esta semana, el presidente Juan Manuel Santos lanzó en Cúcuta una nueva estrategia que, en esencia, intenta ponerle orden a la llegada de venezolanos. Pero no será una tarea fácil.

Foto EFE
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Cada día, según Migración Colombia, unas 37.000 personas están cruzando desde el otro lado de la frontera para rebuscarse alimentos y medicinas. Son los protagonistas de lo que los expertos denominan ‘migración pendular’, para entrar a nuestro país usan la Tarjeta de Movilidad Fronteriza, que les ha permitido a por lo menos 1,5 millones de personas ingresar sin mayores trabas a Colombia por un corto periodo para proveerse de artículos básicos, buscar atención médica o trabajar por pocos días en labores del campo y otros trabajos no calificados.

Esa tarjeta de movilidad –cuya expedición se acabó esta semana, aunque siguen vigentes las entregadas con anterioridad– se convirtió en los últimos dos años en una tabla de salvación para muchos venezolanos. A tal punto que llegó a ser usual que habitantes de los estados de frontera las tramitaran para sus familiares del interior y se las dieran como regalos de Navidad y cumpleaños.

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